martes, marzo 19, 2019
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El Estado al servicio del capitalismo salvaje

Fabián DOMÍNGUEZ Periodista - Historiador
Fabián DOMÍNGUEZ
Periodista – Historiador

 

 

 

 

 

 

 

PRIMEROS EJERCICIOS DE CAMPO PARA APLICAR A LA PERSECUCIÓN A IMAGINARIOS TERRORISTAS EN TODO EL PAÍS

Montados a caballos, un grupo de hombres cabalga por la llanura santacruceña con un fusil winchester cada uno. Uno recomienda rodear a las presas, acorralarlos en las playas y recién ahí cazarlos, matarlos. Pero otro le responde que al grupo le gusta cazar tiro a tiro, uno a uno. Los perseguidos se dispersan y corren solitarios, sin posibilidad de esconderse pues la meseta patagónica no tiene bosques ni refugios donde pasar desapercibidos. Una vez cazados, y mientras agonizan en los pedregullos, los jinetes bajan a cortarles las orejas. No cazan guanacos, ni liebres. Cazan tehuelches. Cobran por cada oreja un patacón, que los estancieros ingleses pagan con gusto, es la mejor manera que encontraron para liberar la estepa para sus ovejas. Así comienza Los dueños de la tierra, de David Viñas, novela que cuenta la masacre de los obreros de la esquila antes que el periodista e historiador Osvaldo Bayer publicara su investigación sobre la Los vengadores de la Patagonia trágica. Paso un siglo y poco o nada cambió en aquella región alejada de los grandes centros urbanos, olvidada por los gobernantes de turno y deseada por los grupos económicos.

Durante agosto de 2017 la opinión pública nacional se vio sacudida por la persecución a pueblos ancestrales en Chubut, no tehuelches a los que querían cortar sus orejas, sino mapuches corridos de su territorio. No es un caso coyuntural, sino que desde hace muchos años los mapuches reclaman por sus territorios, amparados por derechos constitucionales. Los diversos poderes que conforman el Estado, como ocurrió en la lejana masacre de la década de 1920 en Santa Cruz, salieron en defensa de los inversores extranjeros. Un grupo de mapuches, acompañados por algunos blancos, huincas les dicen ellos, cortaron la poca transitada ruta 40, con neumáticos y arbustos. Una considerable fuerza de la Gendarmería Nacional salió a reprimirlos, tirando balas y corriéndolos a campo traviesa. Los mapuches conocen la zona, y se adaptan muy bien a la hora de ser perseguidos, pero el que viene de afuera puede tardar en escapar entre arroyos, arbustos y bardas. Es lo que le pasó a Santiago Maldonado, quien en medio de la persecución no pudo huir y sus compañeros de piquete no volvieron a verlo. Se abrió una causa judicial para buscarlo, y pasados los días la justicia determinó caratular el caso como desaparición forzada de persona, ya que en el momento en que se le pierde el rastro estaba actuando en el lugar una fuerza de seguridad del Estado. Maldonado es un joven artesano bonaerense, quien se instaló hace poco tiempo en El Bolsón, donde vivía de la venta de su trabajo en la feria local y como tatuador. Esta vez no fueron ingleses los empresarios protegidos por los poderes del Estado, sino italianos ya que la empresa que domina la región, con el manejo de un millón de hectáreas, proviene del norte de Italia y la comanda la familia Benetton.

 

ESE PATAGÓNICO OBJETO DEL DESEO

Desde Hernando de Magallanes cruzando el estrecho de Todos los Santos, pasando por Pedro Sarmiento de Gamboa que instaló una población en el siglo XVI en Tierra del Fuego, el lugar más inhóspito de la Patagonia, son incontables los deseosos de hacer fortuna allí. El lugar donde se registra la presencia más antigua del hombre en nuestro territorio es en la Cueva de las Manos, Santa Cruz, donde hubo comunidades que hace 9.000 años encontraron en el cañadón que se forma en el río Pinturas un lugar ideal para vivir. Numerosas etnias circularon a lo largo de milenios por aquellas tierras, entre ellas los onas, pampas, pehuenches, ranqueles, tehuelches, araucanos, mapuches. En los últimos trescientos años se sumaron los europeos deseosos de descubrir, conquistar, dominar y enriquecerse.
Hubo exploradores argentinos como Francisco Moreno o Estanislao Zeballos, cuyos informes sirvieron para que el Estado argentino pusiera sus garras sobre ese inmenso espacio durante la mal-llamada Conquista del Desierto con la mejor información. En 1879 la Campaña le sirvió a Julio Argentino Roca de plataforma para ser presidente. En vez de repartir planes sociales, el entonces ministro de Defensa repartió inmensas porciones de tierras entre los terratenientes bonaerenses, y así obtuvo su venia política para acceder a la primera magistratura.

A fines del siglo XIX los ingleses instalaron las estancias, pagando un patacón por las orejas de los tehuelches muertos para “limpiar” sus tierras recién habidas. Ya en el siglo XX se descubrió petróleo y se creó YPF, y hubo oleada de obreros, ypefeanos, que se instalaron y desarrollaron sus vidas al calor de la empresa estatal, hasta su privatización en la década de 1990. A lo largo del siglo el Ejército instaló bases militares, que permitieron asegurar su soberanía. A ello se sumó el turismo, que permitió crecer algunas localidades como San Carlos de Bariloche, o Calafate. Aunque el Estado no tuvo una planificación clara para ocupar la costa, la planicie o las montañas, es claro que hubo un abandono a partir del gobierno de Carlos Menem, cuando se permitió la entrada de los millonarios extranjeros que compraron a precio vil tierras para su relax, para su inversión, su explotación. Douglas Tompkins, Ward Lay, Joe Lewis, Ted Turner, Luciano Benetton son algunos de los nombres propios de una jauría de millonarios que, en los últimos 25 años, posaron sus fauces en territorios vírgenes.

Los proyectos agrícolas, ganaderos, mineros empiezan a desarrollarse y consolidarse a partir de los últimos 15 años, y eso exige que no haya presencias molestas, como por ejemplo los mapuches, o los vecinos de los pueblos cercanos. Aunque existe la ley de tierras 26.737/11, sancionada luego del famoso caso del reclamo mapuche a Benetton por 500 hectáreas en Santa Rosa – Leleque, su reglamentación tiene poca aplicación real. Las promesas de inversiones y la conformación de una clase terrateniente foránea tienen la ayuda del Estado, con el sistema municipal, provincial, nacional, la justicia, las fuerzas de seguridad y los cómplices de turno. No hay neoliberalismo sin traición, y en la Argentina sobran políticos que se venden al mejor postor.

 

LA SOCIEDAD DECIDE SU DESTINO

Leer Carta de un escritor a la Junta Militar, firmada por Rodolfo Walsh, es muy orientadora para comprender la situación actual. El texto tiene dos partes muy claras, la primera para describir el terrorismo de estado, la aplicación del sistema de desaparición de personas, las torturas, e incluso los vuelos de la muerte. La segunda parte, que es la más conceptual, dice que las razones que explican que el gobierno militar aplica una política de “tabla rasa”, a pesar de haber desarticulado a los grupos revolucionarios como Montoneros o ERP antes del derrocamiento del gobierno constitucional, son razones económicas. La cuestión es simple, permitir que los grupos económicos puedan aplicar las medidas neoliberales, endeudar al país, cerrar fábricas sin conflictos, abrir las importaciones, desarticular el aparato productivo nacional a favor de un reducido grupo de empresas amigas. Claro que hubo resistencias, y las primeras manifestaciones de trabajadores organizados se vieron en 1979, y fueron in crescendo con el paso del tiempo. Costó mucho desalojar del poder a los militares, pero los grupos económicos siguieron presentes, expectantes, influyentes y actuantes en democracia. No estamos diciendo que el gobierno aplica políticas similares a la dictadura, sino algo más grave, es que el capitalismo salvaje necesita políticas represivas para funcionar.

La resistencia de una parte de la comunidad argentina para reclamar por la aparición con vida de un desaparecido en democracia contrasta con un grupo heterogéneo y policlasista que no reacciona, sino que defiende la acción de la Gendarmería Nacional, tiende un manto de sospecha sobre el caso y hasta se molesta si el tema se trata en el aula, se pintan las paredes o se hacen marchas. No es la primera vez que ocurre algo así, y como modelo podemos tomar el caso del periodista José Luis Cabezas, cuando un grupo de la policía Bonaerense contrató a lúmpenes de una barra brava de fútbol para secuestrar, ejecutar y quemar al fotoperiodista en la localidad costera de Pinamar. Esa vez el empresario que estaba detrás de la maniobra era Alfredo Yabrán, un hombre sospechado de ser testaferro de algunos poderosos, pero además con aceitados vínculos con personas que formaron parte de los grupos de tareas de la última dictadura. La consecuencia del caso Cabezas, ocurrido hace veinte años, en enero de 1997, fue revelar una trama mafiosa que la sociedad no soportó ni soslayó, y llevó a un revés electoral para el político más poderoso de la Argentina luego del presidente Carlos Menem, el gobernador Eduardo Duhalde. La esposa de Duhalde perdió frente a Graciela Fernández Meijide, y el caso Cabezas fue el detonante que puso al descubierto la trama mafiosa entre la policía y la política.

Otras muertes también generaron tembladerales en la estructura política, como lo fueron el caso de los 39 asesinados en diciembre de 2001, que provocó la renuncia del presidente Fernando de la Rúa; o el asesinato de los piqueteros Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, que obligó al entonces presidente Duhalde a convocar a elecciones anticipadas. No hay que olvidar al soldado Omar Carrasco que, después de ser asesinado en un cuartel militar patagónico, su cadáver fue escondido y se selló un pacto de silencio entre los militares, y la presión social provocó la eliminación del servicio militar obligatorio.

 

TRABAJO DE CAMPO

Por el momento nada hace prever que la consecuencia la desaparición de Santiago Maldonado genere cambios drásticos en la política (más allá de la renuncia de algún funcionario o el pase a retiro de algún gendarme), sino más bien parece ser un primer ejercicio de campo para observar la reacción social ante la posibilidad de aplicar la persecución a supuestos terroristas en todo el país. Un mes de la desaparición del artesano hubo un segundo ejercicio que se transmitió en vivo y en directo por algunos medios, luego de la multitudinaria concentración que reclamó en Plaza de Mayo la aparición con vida del joven.

Montados en motos, un grupo de hombres de uniformes oscuros salen a recorrer las calles céntricas cercanas a la Plaza de Mayo con sus Itakas preparadas para disparar. Uno recomienda hacer detenciones y, mientras éstas se producen, se ven en las paredes dos ojos que miran fijos sobre la consigna: ¿Donde está Santiago Maldonado? Entre los detenidos hay periodistas, turistas, trabajadores que salen de sus oficinas. Uno de los oficiales trata de ser irónico y resulta terrorífico cuando amenaza a los que se llevan que pueden ser futuros desaparecidos.

No es un discurso aislado, pues hay que subrayar que hace más de 500 días hay presos políticos en el país, y que en el interior la represión de la protesta llega a niveles similares a los vistos el 1º de septiembre en la avenida de Mayo. El Bolsón y Córdoba son las muestras más recientes del atropello de las fuerzas de seguridad ante manifestantes indefensos.
Los empresarios confirmaron que el gobierno de turno es garante de sus acciones en cualquier sector del amplio territorio argentino. Las próximas semanas, en ritmo preelectoral, son claves en este proceso, en las que las fuerzas de seguridad están comprometidas en aplicar la fuerza violenta con su máximo rigor. Las órdenes vienen del gobierno que controla el Estado, y pusieron al servicio del empresariado todas las instituciones, todos los poderes, para tratar de formatear una Argentina para pocos.

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