miércoles, agosto 21, 2019
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Heroína de los sin tierra

por Pablo CHIESA

La rubia, corajuda y decidida, es consciente de sus deseos en terreno de dominio masculino (antes y después, compitiendo en karting de niña o enlistando en la fuerza área de su país). Se para de manos frente a su propio padre, amigos y jefes varones, indicándonos, entonces, que veremos un film reivindicatorio de una temática, – los derechos de igualdad de las mujeres en donde todavía falta mucho por hacer-, respondiendo a una demanda que ocupa preponderancia en la agenda pública.
Pero no. La mujer valiente, dispuesta a librarse de cualquier sujeción, permanece ahí, subyacente en toda la cinta. La trama, sin embargo, hace un giro inesperado y la centralidad la ocupa otro gran tema de interés global, tan o más preocupante aún: la migración forzada o no y (siempre pegado como una sombra) las respuestas autoritarias de los que tienen la manija.

Los malos y feos de Capitana Marvel (2019) son una especie denominada Skrull, expulsados y perseguidos en medio de un combate de extensa duración por los buenos y lindos, la raza Kree, a la cual Marvel pertenece y defiende antes de conocer su verdadera identidad.

Pero las cosas no son como aparentan. Detrás de los esbeltos Kree y su cruzada contra los enemigos de siempre se esconde el propósito de dominio imperialista. Los feos, por su parte, conforman en realidad un pueblo dispersado en la galaxia, pretendiendo tan solo tener un lugar propio donde vivir. La protagonista entonces, despojada del engaño con el que convivió tanto tiempo, tomará partido por sus antiguos rivales.

Hasta aquí nos referiremos a una película que entretiene aunque, según los entendidos, no satisface todas las expectativas previas. Sin ánimo de entrar en ese debate, lo que nos importa es poner en relieve, aprovechándonos de una obra artística vista por millones de personas en todo el globo, una problemática que resulta muchas veces invisibilizada o, peor aún, manipulada por los neo-fascismos. O dicho de un modo más cinéfilo: nos quedamos para los post-créditos, en este caso, con la idea de discutir el dilema que nos trajo nuestra heroína.

Dice Zygmunt Bauman en Amor líquido: “durante 200 años de historia moderna las personas que no lograban convertirse en ciudadanos, los refugiados, los emigrantes voluntarios o involuntarios, “las personas desplazadas”, eran asunto del país anfitrión. (…) Las opciones disponibles para el problema de los extranjeros era la solución antropofágica (“comerse” a los extranjeros, mediante la asimilación cultural). O la segunda, que implicaba “vomitar a los extranjeros” en vez de devorarlos: rodearlos y expulsarlos”. Opción esta última puesta de manifiesto en la película por los poderosos Kree y su líder, la “inteligencia suprema” (para acotar, un poder sin rostro o, mejor dicho, del rostro que su interlocutor desea ver para sentirse confiado y así lograr pergeñar el engaño con mayor eficacia).

Bauman continúa: “en nuestro moderno mundo líquido y global ninguna de estas dos presunciones ya son creíbles” y, advierte, “hay ínfimas chances para desplegar ambas estrategias”.

Post 11 de septiembre y con la irrupción del nuevo feo-malo de la película (el terrorismo religioso fundamentalista), la tendencia de los Estados poderosos receptores de migrantes es “reducir drásticamente el derecho de asilo político acompañada de un sólido rechazo al ingreso de los migrantes “económicos” (a menos que, aclara Bauman, los negocios requieran esa necesaria mano de obra…¡gol de Mbappé!)

Entonces, y culminando con el aporte de este polaco magistral, vivimos una época de “no estrategia” que se convirtió, paradójicamente, en la peor respuesta. “cada vez más los refugiados se encuentran en medio de un fuego cruzado. Son expulsados por la fuerza o intimidados para que huyan de sus países de origen, pero se les niega la entrada a cualquier otro. No cambian de lugar, pierden su lugar en la tierra. Son catapultados hacia ninguna parte (…) Vayan donde vayan, los inmigrantes son indeseables, y se les deja bien claro que es así”. (Paralelismo: con enorme crudeza desde el raciocinio que expone quien es consciente de un plan sistemático, el dictador argentino Jorge Videla dijo algo muy parecido hace algunas décadas: “es una incógnita el desaparecido, mientras esté desaparecido no tiene entidad, no está, ni muerto ni vivo”. La invisibilidad del desaparecido de ayer, la negación del migrante desesperado de hoy).

Lo cierto es que pocas voces desde lugares representativos se pliegan a denunciar este drama. Francisco es uno de los que, casi en solitario, se planta a través de gestos, visitas a países no centrales y en sus contundentes palabras. En ocasión de un encuentro que trató la migración masiva de centroamericanos a los Estados Unidos dijo: “todos ellos (los migrantes) esperan que tengamos el valor de destruir el MURO de esa complicidad cómoda y muda que agrava su situación de desamparo y pongamos en ellos nuestra atención y dedicación. (…) no obstante para ello se necesita un cambio de mentalidad: pasar de considerar al otro como una amenaza a nuestra comunidad a valorarlo como alguien que con su experiencia de vida y sus valores puede aportar mucho”.

El cerco de Trump y su burda xenofobia contra mexicanos y latinos en general; la sangrienta marcha de sirios y libaneses huyendo de las bombas; el endurecimiento persistente de Europa y la herida de África siempre abierta, ponen de manifiesto las consecuencias de un sistema mundial cada vez más injusto que expulsa y no integra.

De Capitana Marvel seguramente lo más valioso a rescatar es la puesta en discusión sobre qué hacer con los refugiados y migrantes, tomar posición al respecto y discernir entre responsables del flagelo y las víctimas del mismo. El primer paso, el que adopta nuestra heroína, será ponerse al día con eso, tomar conciencia y ver lo que está sucediendo con otro prisma, sin comerse el verso del poder dominante para ubicarse en el lugar del otro, el desplazado que escapa buscando su destino.

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